El ocultamiento y la falta de transparencia quedan al descubierto una vez más. Negar la información es el primer paso para ocultar una realidad que cada vez se está revelando más preocupante, sobre todo, en lo que respecta al comportamiento de la Policía Municipal.
Además, Barcina y la Concejala Delegada de Protección Ciudadana, Ana Elizalde, han puesto también una vez más de manifiesto su gran talante democrático, haciendo oídos sordos a la petición de la mayoría de la Corporación que le solicitamos que no se recurriese la sentencia.
Que el argumento esgrimido sea que se atienen a los criterios jurídicos para recurrir o no, resulta vergonzoso cuando se conocen los principios en los que el recurso se basa. Se puede entender la necesidad de algunas personas de no morder la mano que le da de comer, pero llegar a sugerir que fue la propia víctima la causante de lo ocurrido produce sonrojo. Intentar en dicho informe demostrar que no se trata de un caso de mobbing y tratar de minimizar las agresiones sufridas, resulta inaceptable y poco entendible para la ciudadanía quien rechaza estas actuaciones tengan el nombre que tengan
Si recriminar una actuación que no se considera correcta conlleva tal riesgo, no es extraño que pocas personas pertenecientes a ese cuerpo se atrevan a criticar y, por supuesto, mucho menos denunciar, cualquier actuación dudosa. La actuación de Barcina intentando crear el silencio cómplice necesario para que las agresiones de la Policía Municipal queden impunes es una práctica habitual que algunas personas y la representación sindical de este cuerpo están intentando romper, pero que está pagando un precio demasiado caro.
